20 de setembre de 2011

DIARIO INFORMACIÓN DOMINGO 18-09-2011






Educar cuando todo el colegio cabe en el aula
Aprender y crecer en la escuela rural
Lejos de ser un problema, es la ventaja que hace que los menores se formen bajo unos valores de cooperación, compañerismo y respeto mutuo que les acompañarán a lo largo de su vida
Son los hijos del pueblo, los que se cuidan entre ellos y disfrutan de cosas que los de la gran ciudad ni sueñan tener.

RAQUEL LÓPEZ Es la hora del recreo en el colegio de Benimantell, donde cursan sus estudios un total de 18 alumnos. Empar Pérez, la profesora que lleva 11 años en el centro, sale con sus alumnos de Primaria al "patio", un pequeño parque infantil municipal montado en la parte de detrás del colegio. Las vistas a las montañas son espectaculares. Saluda a la madre de uno de sus alumnos. Está con su otro hijo, aún bebé, dándole de comer sentada en un banco a escasos metros de donde el resto del colegio ha formado dos equipos para poder jugar al fútbol. También está el marido de Empar, que ha pasado a saludarla. Y César Molina, profesor de música e "itinerante" -carácter que comparte con los maestros de Religión y Gimnasia, llamados así por pasarse el día en la carretera, dando clase cada día en un pueblo.

También acaban de llegar Sandra y Aitana. Antiguas alumnas de Empar, ya van al instituto de Educación Secundaria de La Nucía. Pasan a echar un cable a su exprofesora para vigilar a la decena de alumnos que tiene a su cargo. Dicen que en el instituto, aunque hay más gente, siguen juntándose con los que compartieron 6 años juntos en el aula y en el parque donde juegan los estudiantes de entre 8 y 11 años que tiene la maestra a su cargo. Estudian distintos cursos, pero todos van a la misma clase. Pero en realidad no necesita mucha ayuda en su cuidado, pues si algo aprenden los alumnos de una escuela rural es a cuidarse los unos de los otros, sobre todo los mayores de los pequeños.
"No tiene nada que ver ser maestra rural a maestra de una escuela normal, aquí tienes a todos los niños del pueblo, están pendientes los unos de los otros, tienen unos valores que no se dan en otros lugares y los mantienen cuando se marchan a un instituto. Si tienes un hijo, vale la pena irse a un pueblo a criarlo", afirma la profesora.

Además del compañerismo destaca la participación que hay con sus padres y familiares, "sobre todo con los abuelos". El único "pero" es que requiere un esfuerzo extraordinario para el profesorado, por impartir al tiempo materias de distinto curso sin que unos u otros se aburran cuando no les toca turno. Aún así, también hay ventajas. "No saben para qué sirve, pero hay niños pequeños que se saben antes que los mayores la tabla de multiplicar de tanto oírla, o algún pequeño corrige a un mayor sobre qué animal es un vertebrado".

La postura de la maestra de Benimantell no es única. La comparten los otros profesores del valle de Guadalest, y de Orxeta, Sella, e incluso de Relleu, según manifiesta. Y eso que en el caso de los tres últimos pueblos el bajón de alumnos estuvo a punto de hacerles compartir un único director. Hoy cada uno tiene el suyo y la ratio ha aumentado, sobre todo en Relleu, que ha pasado de 32 a 64 alumnos. Se ha salvado del cierre, al contrario que lo que le pasó al colegio del Abdet, cuyos alumnos absorbió el de Confrides. También estuvo a punto de cerrar el de Benifato, donde hace 8 años apenas quedaban 4 estudiantes. Pero la natalidad ha ido creciendo, y también el retorno a los pueblos.

En Beniardá tienen casi una veintena de alumnos, y esta semana aún permanecía colgado por el pueblo el bando del alcalde recordando que desde el pasado 8 de septiembre, de lunes a viernes y de 11 a 11.30 horas se mantiene cerrado al tráfico la plaza de Modesto Juan, "la Era", por ser usada para el recreo de los escolares.

En Benifato Marisa González, directora del pequeño colegio, también está contenta de poder contar con 17 alumnos este año. De la educación en la escuela rural destaca los valores antes citados. Además, invita a que sean los niños quienes digan las cosas buenas que creen que tiene crecer en estos pequeños pueblos sin pabellones, grandes escuelas deportivas, cines y a veces incluso sin cobertura de móvil... Miguel inicia la lista: "Lo mejor es que las casas de tus amigos están muy cerca, puedes ir andando". Su compañero Víctor añade: "Puedes estar por todo el pueblo sin tu madre al lado". Paula apunta: "Y claro, no te puedes perder". Josep concluye: "Lo mejor, por la noche puedes jugar al escondite por todo el pueblo y con todo el cole a la vez". Está claro, nada más se puede pedir.